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La jornada transcurría normalmente para la Dra. Pandereta y el Dr. Roberto. Deambulaban por los pasillos del hospital jugando con quienes se iban cruzando luego de haber visitado a algunos niños.

De repente varios médicos se acercaron para avisarles que Ema y sus papás habían pedido que por favor pasaran a visitarlos. Rápidamente, el Dr. Roberto y la Dra. Pandereta corrieron a su encuentro.  

Entraron en la habitación y lo primero que Ema les dijo fue que le dolía su piecito. El Dr. Roberto comentó que a él también le dolía el pie, que le pasaba en realidad porque siempre que camina por la calle va escuchando música, distraído, mirando los árboles, los pajaritos, las nubes, y que sin darse cuenta tropieza siempre con el mismo pie. Y que de tanto tropezar, ya le dolía.

La Dra. Pandereta, que no podía imaginar cómo se tropezaba el Dr. Roberto, le pidió si podía mostrarles a todos cómo caminaba por la calle. El Dr. Roberto comenzó poniéndose sus auriculares que transmitían en vivo la música que la Dra. Pandereta comenzaba a hacer, y se paseó por el lugar mirando el techo, saludando a Ema, a sus papás, hasta que de repente… ¡Tropezón! Y volvía a empezar el paseo, miraba por la ventana, miraba el televisor, saludaba y… ¡Tropezón!

De repente se acordó que el domingo anterior se había distraído con algo distinto, algo nuevo, algo maravilloso. El Dr. Roberto iba paseando por el parque, escuchando la bellísima música de la Dra. Pandereta, mirando el cielo, hasta que los que tropezaron esa vez fueron sus ojos, que se cruzaron con un barrilete precioso, de muchos colores, que volaba en el aire y dibujaba miles de formas a cada segundo.

Siguiendo el hilo del barrilete se encontró con quien lo conducía. Se acercó y pidió si podía escribir su nombre en el barrilete para poder volar junto al viento y las nubes a bordo de tan maravillosa nave. Al escribirlo, Ema, sonriendo, gritó “¡Roberto, Roberto es un amigo mío!”, y de entre las sábanas hizo aparecer a Roberto. Después de presentárselos, les aclaró que si Roberto se iba a volar por el cielo, tenían que ir también Melisa, amiga de Roberto, y por supuesto, Aceituna, la mascota de Roberto y Melisa.

Junto a la melodía que la Dra. Pandereta hacía sonar en el ambiente y en medio de los tropezones, las nubes, y los pajaritos que volaban en el aire, Ema, el Dr. Roberto, la Dra. Pandereta y sus papás remontaron un barrilete lleno de colores que hicieron danzar en lo alto del cielo a los amigos más queridos de Ema, quienes los saludaban y mandaban fotos desde aquellas distancias.

Los doctores tenían que continuar con su día de trabajo y alguien debía encargarse de conducir el barrilete que mantenía en lo alto a los amigos de Ema. Nadie mejor que ella para tal tarea. Ema quedó al mando del barrilete y los doctores siguieron caminando por los pasillos, saludando, jugando y tropezando con otros encuentros y otras alegrías.

Dra. Pandereta (Ángeles Camblong) y Dr. Roberto (Juan Matías Garoberea)
Hospital Británico de Buenos Aires


    27 de octubre , 2017

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