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Nuestra jornada recién comienza. Luego de saludar a los médicos, secretarias y enfermeros, nos ponemos nuestros vestuarios, nos maquillamos y terminamos convirtiéndonos en quienes realmente somos: el Dr. Preparado y la Dra. Nivea Pons.

Nos asomamos al pasillo y lo primero que vemos es una carita conocida: la de Clara. Inolvidable, guerrera, dulce, delicada, segura y, sobre todo, abrazadora como ella sola.

Semanas atrás nos la habíamos cruzado y vino, derechito y sin dudar, y nos dio un abrazo de esos largos que duran para siempre y que calientan el alma. Nunca más la olvidamos.

Apenas la vemos, queremos de esos abrazos, que no se consiguen en ninguna otra parte. El Dr. Preparado se prepara -disculpen la redundancia-. Se peina, me pregunta si está bien, volvemos a peinarlo, estiramos su guardapolvo, le lavamos los dientes, atamos bien fuerte sus cordones y cuando creemos que ya está, se coloca en el medio del pasillo en posición de abrazo y espera que Clara se acerque… Pero Clara no va, no quiere.

El Dr. Preparado, sin dejarse ganar por el desánimo viene y dice:

-Dra. Nivea, le toca usted. Es hora de prepararse.

Entonces, ayudada por el Dr. Preparado, me saco el ukelele, la mochila, estiro mis piernas, hacemos unos choques que me den ánimo (yo estoy muy ansiosa, muy nerviosa, muy expectante, ¡ay, ay, ay!). Me subo a una silla y pregunto:

-¿Así estoy bien?

Y veo, en la otra punta del pasillo que Clara hace un ratito está haciendo más o menos lo mismo que yo. Se está preparando para correr, está tomando distancia y preparando sus brazos, está preparando su corazón para lo que va a venir.

Entonces, cuando el Dr. Preparado me dice que sí, voy corriendo corriendo corriendo y en el medio del pasillo nos encontramos con Clara, en ese abrazo tan suyo como nuestro, calentito, reconfortante, y duradero, como sólo ella sabe dar.

Pero, sin dejar de abrazarnos, vemos que en la otra punta del pasillo, el Dr. Preparado está medio tristón. Clara sigue sin querer y eso está bien porque cuando es no, es no. Y cuando todos estamos empezando a entristecernos, porque no encontramos solución…. se levanta de su silla Mili: otra pequeña gran amiga con un corazón gigante, que se hace querer tantísimo tanto que a veces no entra en estas líneas.

Mili se levanta, va al rescate del Dr. Preparado y le da un abrazo inmenso. ¡Ay, qué bien se siente! Y desde lejos, desde nuestro abrazo con Clara los vemos, abrazados como nosotras, y toda la sala de espera se reconforta. Entonces, se nos ocurre:

-¡Hoy, decretamos el Día Internacional de los Abrazos!

Saco mi libretita y, como el Dr. Preparado no consigue ninguna lapicera para oficializar el asunto, viene corriendo otro nene (otro pequeño gran amigo que tenemos) con una lapicera que encima hace luces!

Todos firmamos y decretamos, un poco solemnemente, un poco riéndonos y otro poco bastante emocionados, el día internacional de los abrazos.

Dra. Nivea Pons (Lucía Schaab)
Hospital Posadas


    5 de diciembre , 2017

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