Alegría Intensiva

“Ponete la máscara que vienen los payasos”

historiaCasamiento

La Doctora Irene y el Doctor Sencillo llegamos a una sala de internación donde había cuatro nenes y escuchamos que una madre le dice a su hijo: “Dale, ponete la máscara que vienen los payasos”.

Al escuchar esto, le comento a mi compañero con entusiasmo que parece que hay una fiesta con máscaras.

Inmediatamente con los elementos que teníamos a mano, comenzamos a colocarnos distintas máscaras sobre nuestro rostro, mientras mágicamente cada uno de los niños internados ayudado por sus padres se colocaba la propia (las de ellos eran las de nebulizaciones).

Ya todos con nuestras máscaras puestas comenzamos a bailar, y en el medio de un baile enérgico, el Doctor Sencillo dice: “¿y si nos casamos todos con todos?”.

En la sala de guardia ya nos habíamos casado con los 64 que estaban esperando para ser atendidos.

Siguiendo con esa lógica, íbamos a recolectar en esta fiesta más maridos y esposas. Entonces comenzamos a preguntar a los nenes, cama por cama, a quiénes sumarían al casamiento. Con sus máscaras puestas, cada nene se iluminaba, la mirada comenzaba a traer a sus seres queridos. Con gran entusiasmo, iban proponiendo nombres: “Chilo, mi perro”, “Gladys, mi madrina”, “Mi abuelo Lolo, “Mi hermanito”.

Pasamos a otra cama y Diego, de unos nueve años, con la ayuda de su papá y casi saltando en la cama dijo: “¡Podemos sumar también a mi noviecita!, ¡Y a la hermana de mi noviecita, o sea mi cuñada! Y así seríamos 101 personas”

De la cama de enfrente se escuchó: “¡Y sumemos a la madrina de ella, a ver si por fin la enganchamos!”

Y Diego respondió: “¡Sí, y así ya seríamos 102!”.

Los payasos también seguíamos sumando. Eufóricos, ya íbamos como 115 y los seres queridos iban apareciendo casi como si estuvieran allí bailando con nosotros.

Cuando alcanzamos el número 120, se escuchan aplausos y los payasos nos vamos retirando, felices, cuando se escucha la voz de Diego que le dice a su papá: “¡qué divertido, por favor!”.

Y las máscaras siguen puestas en cada uno de nosotros. Las nuestras, las que nos permiten cada semana transformar un ratito el ámbito hospitalario, y las de los chicos que pueden ser toleradas un poco más.