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El Dr. Bernardo y la Dra. Rotunda caminaban por los pasillos del Hospital Fernández entonando una suave melodía y llenando de burbujas el aire. Al parecer, esa era su tarea del día. Caminaban por los pasillos, entonaban una suave melodía y llenaban de burbujas el aire. Todavía no se habían cruzado con ningún niño. En los pasillos, sólo había adultos sacando turnos o yendo de un lado a otro.

Los doctores llegaron a una sala en la que más adultos llenaban los bancos, esperando ser atendidos. Se detuvieron a entonar su melodía y llenar el aire de burbujas. Hicieron su tarea por algunos minutos. Las burbujas se elevaban por los aires, luego explotaban y todo volvía a empezar una y otra vez. Los allí presentes empezaron a mirar a los doctores y a la danza de burbujas. En un momento, el Dr Bernardo dijo:

– ¿De qué estarán hechas las burbujas?

La Dra. Rotunda desprevenida, buscó ayuda con la mirada… ¡Ella no sabía la respuesta! ¿Alguien podría ayudarla?. Una señora alta, con mirada profunda, le explicó al Dr. Bernardo:

– De aire. ¡Están llenas de aire!-

¡Uf, qué suerte que siempre hay alguien dispuesto a ayudar!

Sigueron contemplando la danza de las burbujas, los doctores, la señora de mirada profunda y cada vez más personas que ahí esperaban. De pronto, el Dr. Bernardo dijo:

– ¿A dónde van las burbujas que ya no están?-

¡Oh! ¡Esta pregunta era aún más difícil!

La Dra. Rotunda buscó ayuda con la mirada. ¿Alguien podría ayudarla? Otra señora, con algunos papeles en la mano, cara de dormida y una sonrisa tierna, dijo:

– Siempre están, aunque no las veamos. Hay cosas que cambian y cosas que son eternas. ¡Como el amor!

¡Uf, qué suerte que estaban rodeados de gente tan sabia!

Sigueron contemplando la danza de las burbujas, los doctores, la señora de la mirada profunda, la señora de la sonrisa tierna y cada vez más personas que ahí esperaban. De pronto, el Dr. Bernardo dijo:

– ¡Pero estas burbujas se van de repente! ¡No puedo ni despedirme! ¿Cómo puedo saber cuándo tengo que decirles chau?

¡Las preguntas eran cada vez más difíciles! La Dra. Rotunda no tenía idea de las respuestas. Una vez más, buscó desesperadamente ayuda con su mirada. Una señora con hoyuelos en los cachetes dijo:
– ¡Nunca se sabe! Por eso es importante decirles siempre que las querés, para que siempre lo sepan.

¡Uf, qué alegría que hay gente que da tan buenos consejos!

Sin perder un minuto, el Dr. Bernardo improvisó una canción para cantarles a las burbujas lo mucho, mucho, que las quiere. Y la Dra. Rotunda aprovechó para abrazar y agradecer a sus nuevos amigos: la señora de la mirada profunda, la señora de la sonrisa tierna, la señora con hoyuelos en los cachetes y todos los que la habían mirado con complicidad, aún sin decir nada.

Dra. Rotunda (Maqui Figueroa) y Dr. Bernardo (Agustín Saiegh)
Hospital Fernández


    5 de diciembre , 2017

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