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“Buenos días, Joaquín, ¡qué lindo verte!
Hoy estamos aquí para cantar”

Así empieza una canción que nació minutos antes de su estreno en público, íntimo, en una habitación de hospital.

Estábamos a punto de salir a hacer la recorrida, cuando me puse a improvisar con la guitarra y surgió una armonía que nos gustó. “Hagamos una canción especial para Joaquín”, dijo la Dra. Lagarza. Luego, la melodía y la letra aparecieron naturalmente, con la fluidez y la contundencia de las cosas que no pueden ser de otra manera.

Joaquín ya nos había visto otras veces y nos había contado que él también tenía una nariz de payaso. Le había costado decirlo porque Joaquín no puede hablar. Me corrijo, puede hablar pero diferente, a su manera. Pone sus manos delante de su cara y salta de un signo a otro para comunicarse.

“Permiso… ¡Tenemos una canción especial para vos!”, le dijimos mientras nos acercábamos junto con Dra. Stacatta al borde de su cama. Joaquín, sonriente, señaló algo que había sobre una mesita. La madre, que lo acompañaba, agarró el objeto señalado. Redonda, grande y roja, una nariz de goma espuma nos recibía. Inmediatamente, la mamá se la acercó hasta que la nariz le cubrió gran parte de su cara.

De alguna manera, nosotros lo esperábamos a él y en nuestra espera nació una canción. Por su parte, él también nos esperaba con su nariz. Esperar a veces incluye regalos como este.

“Que una sonrisa llegue hasta tu cara
y que salga volando directo al sol”

Así continúa la letra de esa canción que no se detuvo ahí. Al continuar la recorrida, la entonamos en otras habitaciones, con el nombre cambiado, para regalársela a otros chicos. Horas más tarde, ya sin traje y maquillaje, la melodía sigue dando vueltas en mi cabeza y en el aire. Y, seguramente, una nariz redonda, grande y roja, ya nos está esperando sobre una mesa, ansiosa como Joaquín.


    11 de agosto , 2014