Dr. Pesto baila con un perchero, vaya a saber pensando en qué amigo o amiga que colgaba allí su abrigo. Dr. Roberto deshoja margaritas hasta que encuentra la que le confirme que la persona en la que piensa a la distancia lo quiere. Dra. Pandereta saca de su pequeña cartera un ukelele, ese formato clownesco de la guitarra, para cantarle a un amor que no tiene remedio. Dr. Fígaro observa con asombro el juego de separación y reencuentro entre una taza y su cuchara.

Son los payasos de Alegría Intensiva, los que desde hace doce años sueltan sonrisas en las salas pediátricas de hospitales y que ahora tuvieron que reencausar su diálogo con los pequeños pacientes, ante la imposibilidad del contacto directo en la situación de cuarentena. El resultado son una veintena de breves videos que presentan una calidad artística inusual en medio de tanto intento de proyectar en las pantallas lo que antes era presencial. Verlos es una experiencia estética y vital válida para todos.

«Dejamos de ir a los hospitales el lunes previo a la cuarentena. Pero el trabajo no se detuvo, es más, diría incluso que se triplicó», dice Andrés Kogan, director ejecutivo de la ONG Alegría Intensiva, que genera la actividad de 22 clowns en una decena de hospitales del Gran Buenos Aires y La Plata. En las últimas semanas se sumaron a los pacientes habituales también niños enfermos de coronavirus en algunos de ellos.

«Tuvimos que adaptarnos a un formato novedoso, aprender cómo lograr en el formato digital un material atractivo, elegante, que transmita poesía, humor y música, y eso con las herramientas de las que disponían los integrantes de Alegría Intensiva en sus casas», señala Kogan.»Se trabajó mucho en la dirección artística, a cargo de Irene Sexer y Silvina Sznajder. No todos nuestros artistas se sentían igual de cómodos frente a las cámaras que en la acción presencial. A la vez se sumó una fuerte asistencia técnica para seleccionar las herramientas de edición más adecuadas.»

Se desarrolló un nuevo esquema de trabajo. «Fue una construcción nueva, tanto como cuando empezamos los primeros cinco clowns a ir al hospital, en 2008», explica Irene Sexer. «Ninguno de nosotros había traspasado a las redes. Tratamos de ser muy puntillosos, en lo que narramos tanto como en la edición, que agrega música y velocidades, sin perder la esencia de Alegría Intensiva. Cada clown tiene su impronta, un personaje reconocible, teníamos que tratar de no perder la espontaneidad en el nuevo formato.»

«Primero se produce un boceto, filmado o escrito, lo trabajamos con Silvina (Sznajder), y vuelve a filmarse sobre eso. Es clown, pero audiovisual. Es la cámara y una idea, que hace resaltar al clown, cuidar la imagen. Nuestro concepto del clown es que tiene una poética y esa debe aparecer en el video», explica Sexer. En los videos, de una duración de entre 30 segundos y dos minutos, se percibe el inteligente entramado de dramaturgia y edición en la notable economía de recursos histriónicos, gracias a la que el más mínimo gesto, con la cercanía que aporta la cámara, vale.

El objetivo, según Kogan, es poder «interpelar al otro, traspasar la pantalla, despertar su interés, en un ida y vuelta con los chicos y los padres que nos ven». Los videos se suben a las redes, se envían a las direcciones de los hospitales, que los distribuyen a su vez por sus propios circuitos, y se entregan a pacientes que son conocidos de largo tiempo de Alegría Intensiva y referentes en su ámbito hospitalario. Algunos de ellos les devuelven videos propios.

El personal sanitario se convirtió además en un nuevo destinatario de los gags de los clowns. «Antes era más indirecto el contacto con los equipos médicos, hoy están en primer plano, en la primera línea, y viven una soledad desmedida, que les genera una gran presión. A ellos les dedicamos momentos de parodia sobre su actividad médica», cuenta Kogan. Un ejemplo: Dr. Atento se calza el yelmo para emprender la lucha contra un enemigo invisible. Desenvaina una espada rota, prueba armas inservibles. Hasta que encuentra una fórmula para imponer la alegría.

Alegría Intensiva quiebra el aislamiento no sólo a través de sus videos. Al igual que la comunidad médica, se mantiene en red con sus pares de otras latitudes que también se dedican a fortalecer las defensas anímicas contra la pandemia de los chicos hospitalizados. «Al menos una vez por semana nos conectamos por Zoom con asociaciones similares en otros países, con Doutores da Alegria en Brasil, Pallapupas en Barcelona, Hears & Minds en Escocia, y vemos juntos cómo nos adaptamos a la situación actual», revela Kogan.

Las realidades culturales y la disponibilidad de recursos son variadas, hay sociedades más o menos acostumbradas al contacto físico, hay quienes pueden contratar a un director de cine para asesorar en el traspaso a video y otros, como en Alegría Intensiva, que paran por un momento la pelota para poder pensar cómo mantener la misma potencia de llegada en los nuevos formatos.

«Algo de la niñez queda rezagado con la pandemia más allá de los hospitales, todos estamos internados de alguna manera, salvando claro la gran distancia de que estamos sanos», reflexiona Sexer, que como artista incursiona también en otros escenarios. Como en la escena de un solitario cumpleaños con amigos de presencia imaginaria, inserta en el festival virtual entreActo, emitido el sábado pasado.

«Nuestro trabajo es una ventana, tanto a través de la poesía como por la la parodia médica», dice Sexer. «Llevamos un guardapolvo blanco, pero no somos médicos, jugamos a ser médicos siendo payasos. Son parodias poéticas que completa en su sentido el espectador. El clown toca siempre la soledad. A la vez puede generar su mundo, al igual que el niño, con el mismo lenguaje del juego, por eso vamos a los hospitales con eso. Con el juego clownesco nos ponemos a la par de ellos.»

Los payasos solidarios de Alegría intensiva
Los payasos solidarios de Alegría intensiva

    22 de mayo , 2020

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