Había una vez en la sala de internación de hemato-oncología del Hospital Posadas, una niña -de un año, o menos-, que se asustaba cada vez que veía al Dr. Preparado y a la Dra. Nivea Pons. Aunque ellos pasasen desde lejos, o sólo mirasen, ella se ponía a llorar. Esto pasó unas cuantas veces, así que los doctores la saludaban desde lejos, y seguían visitando al resto de los chicos. Hasta que un día -sería la cuarta vez que la veían-, sucedió algo mágico.

Al llegar los doctores, la niña se asustó como siempre. Entonces ellos descubrieron que desde la ventana opuesta a donde estaba ella, podían ver a las otras tres nenas de esa habitación, y jugar desde allí, para no asustar a la niña. El juego era, un poquito para ellas tres, y otro poquito para ella (aunque no la miraran ni le hablasen directamente). La ventana se convirtió en un escenario para las manos de los doctores, manos danzarinas y cantantes, que hacían un show musical suavecito y divertido… hasta que venía una parte en la que la mano del doctor salía volando y ¡pum! Se chocaba con la persiana. Entonces la mano de la Dra. Nivea se convertía en ambulancia, después en médica, después en ella misma, y curaban al doctor. Le decían que se acuerde que ahí tenía que volar con cuidado, y volvía a comenzar el show.

El Dr. Preparado se acordaba un ratito del consejo, y después se olvidaba y ¡pum! Otra vez. Y así siguieron hasta que en un momento se les ocurrió que podían volar juntos, pero fuera de la ventana, en un lugar donde no hubiese peligro de choques y púmbates. Entonces, juntas, las manos se fueron volando.

En todo este tiempo la Dra. Nivea y el Dr. Preparado no habían visto lo que sucedía adentro de la habitación (sacar sus caras de la vista de la niña fue la manera que encontraron de que pueda disfrutar del momento y olvidarse de su miedo), sólo se guiaban por el sonido de las carcajadas, y algunas ideas y comentarios que sumaban las nenas para el show (¡que sea un tango! ¡no, no, una cumbia! ¡no, mejor un musical! ¡cuidado, te vas a chocar..! ¡aaayyy… jajaja!).

Cuando se estaban yendo, volando, la Dra. Nivea se asomó, un poco para despedirse y otro mucho por simple curiosidad, y vio algo que le llenó el alma y el corazón: la nena, la que lloraba, la que tanto miedo tenía, a la que no habían podido visitar tantos otros días, esa vez estaba con todo su cuerpo inclinado hacia la ventana, con los ojos gigantescos, y con una sonrisa tan grande, tan grande, que no cabría ni un pedacito chiquitísimo en esta historia.

Hoy la Dra. Nivea, mientras escribe este relato, vuelve a sentir lo mismo que aquel día. Se le pone la piel de gallina y se le llenan los ojos de lágrimas.

Y fue así como desde ese momento los doctores supieron -pudieron comprobarlo las semanas siguientes- que eso era tan sólo el comienzo de una hermosa historia de amor, entre Antonia, el Dr. Preparado y la Dra. Nivea Pons.

Dra. Nivea Pons (Lucía Schaab) y Dr. Preparado (Leo Quiróz)
Hospital Posadas


    24 de abril , 2017