pares

Es miércoles y la Dra. Perla y el Dr. Bernardo entran a una de las habitaciones de la Unidad 5.
Luego de pedir permiso, una mamá les dice que entren y les avisa que su hija “no quiere”. Ella, adolescente, está tapada hasta el cuello, acostada boca abajo. En ese momento justo hay otra adolescente acompañándola en su cama. Entonces la Dra. Perla dice suavemente: “Está bien, es perfecto que no quiera porque así somos cuatro. Yo sólo tolero los pares… porque si fuéramos cinco…”. Lo mira al Dr. Bernardo, quien le pregunta “¿qué pasaría, Perla?”. La Dra. Perla dice “si fuéramos cinco… ¡¡¡nooooo!!!” y le agarra un ataque físico, una especie de baile desarticulado que ni ella puede parar, mientras dice “yo con impar no puedo, no puedo”. “Por suerte somos cuatro”, le recuerda el Dr. Bernardo. La Dra. Perla se calma, siguen conversando tranquilamente y de repente se abre la puerta del baño. Otra mamá, que no sabíamos que estaba, sale riendo. En ese instante dejan de ser cuatro para ser cinco. El Dr. Bernardo mira a la Dra. Perla, que les dice a todos “nooooo, no puedo… ¡impar no puedo!” Y otra vez le agarra el ataque en el cuerpo. No consiguen calmarla. Y quién sabe por qué magia (la magia que siempre se hace presente en esta labor), entra un familiar a la habitación. De repente son seis. Entonces la Dra. Perla respira y el Dr. Bernardo la tranquiliza: “Somos seis, somos seis”, dice. “Qué bueno”, dice la Dra. Perla. Todos aplauden la situación pero de repente y de la nada ingresa otra persona, esta vez una enfermera. Todos ríen. Ya saben lo que va ocurrir ¡porque ahora son siete! El Dr. Bernardo intenta calmar a la Dra. Perla pero no hay consuelo. Es impar el número. En medio de risas y en pleno movimiento, la Dra. Perla dice “por favor, que me ayuden a parar, una mano pido, sólo una mano”. Y  allí se produce la magia.
El siete pasa a ser ocho cuando la adolescente tapada hasta el cuello, riendo, saca la mano y la levanta alto y sostenido. Es una sorpresa también para nosotros. Un regalo que nos hace quizás simplemente por haber respetado que “no quería”. Lo cierto es que mágicamente y sin saber cómo somos ocho. La música del Dr. Bernardo se hace presente. Y cuando vamos dejando esa habitación, casi saliendo, ingresa de repente un papá. El Dr. Bernardo y toda la habitación distraen rápidamente a la Dra. Perla. ¡No podemos ser nueve! Y el papá, cómplice, se tapa. Porque lo lindo es siempre contar con otros. Lo lindo es siempre llegar a ser pares.

 

Dra. Perla (Romina Amato) y Dr. Bernardo (Agustín Saiegh)
Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez


    7 de junio , 2016