alejo

Como cada jueves al entrar a la sala de internación Rosa del Hospital Malvinas Argentinas, Estela, Sencillo y yo, Perla, atravesamos un pasillo donde los niños desde sus camitas tienen la chance de vernos por primera vez hasta llegar a las enfermeras y médicos. Allí siempre somos bienvenidos entre palabras alegres y también indicaciones que pedimos y siempre se arma una gran celebración donde damos inicio a la jornada.

Así, comenzando, nos encontramos en la primera camita con “Alejo”, un niño de 9 años acompañado por su mamá. La primera vez que empezamos a interaccionar con Alejo íbamos tejiendo una historia de a poquito, con un ritmo suave, con los objetos que lo acompañaban: sus juguetes. En esa historia jugábamos a que los dinosaurios de distintos colores que Alejo tenía en su cama cuidándolo nos asustaban mucho y de diferentes formas. Cada vez que los payasos se asustaban, él reía y la secuencia se repetía. Notamos que las enfermeras y el personal del hospital comenzaron a emocionarse y a filmar lo que sucedía. Su kinesiólogo, también emocionado, miraba la escena.

Ese juego se repetía cada vez. Otro jueves Alejo primero nos tiraba besos  con la ayuda de su mamá y nos saludaba como galán de novela hasta que llegábamos a los dinosaurios y ahí sí salíamos corriendo. Ocurría cada jueves, con esa magia de establecer conexión con Alejo, quien en un primer pestañeo parecía no estar, de repente ¡empezaba a reír!

En nuestra tarea tenemos la suerte de que le emoción abunde, pero un jueves fue especial: llegamos y Alejo no estaba en su camita. Movidos por no sabemos qué tipo de fibra, preguntamos por él. Esto dio lugar a que tomáramos con las enfermeras ese tiempo de juego que siempre le dedicamos a Alejo para que ellas pudieran contarnos  y regalarnos lo importante que fue para todo el plantel médico lo que habíamos hecho junto a Alejo. Nos miramos emocionados. No sabíamos bien a qué se referían hasta que nos explicaron: “fue al jugar con ustedes que nos dimos cuenta que él escuchaba, que veía y que entendía el juego y los chistes”. Nos contaron que tuvieron que grabarlo porque fue de vital importancia para los médicos poder ver luego ese video y las reacciones que Alejo tenía al jugar. Nos emocionamos con la emoción de ellos.

Sabíamos sin saberlo que Alejo estaba y sólo teníamos que esperarlo en el juego, como sabemos que él nos epera cada jueves. Pero no sabíamos que a veces en esa espera, en ese saber esperar, hay algo que se alcanza, que se encuentra…

Buscamos la transformación que sea posible para ese y cada niño, pero cuando algo de la salud se encuentra y nos encuentra por el puente que se teje al jugar y por la posibilidad enorme de trabajar conjuntamente con el plantel médico de un hospital por un niño, se produce una magia única.

 

Dra. Perla (Romina Amato)
Hospital de Niños de Malvinas Argentinas


    13 de agosto , 2015