sincro

El hospital está latente, es como si estuviera vivo, se moviese con nosotras y nos escribiera la historia. Como si sólo fuese cuestión de dejarnos llevar para que la magia suceda. Con el devenir de la jornada, aparecen de repente los personajes, nos van creando mundos, nos invitan a saltar, son como un trampolín. Es tan simple como desear algo en un momento indicado y por arte de magia, aparece.

Hace unos pocos días, estábamos Marta y Pandereta en la sala de espera. Allí siempre se arma una cola, a la que le pusimos un nombre especial: “la cola del amor”, quienes la hacen, luego reciben  amor. Mientras contábamos eso y cantábamos una canción (especial para la ocasión) comenzaron a pasar cual desfile, personas  que se amaban. Al principio fue una madre junto a su hijo,  abrazados (“ellos seguro hicieron la cola” decíamos con Marta), luego un matrimonio (“ellos también la hicieron” comentábamos) y así se fueron sucediendo parejas hasta que terminamos de cantar y nos percatamos que ahora nosotras queríamos un amor. Fue sólo decirlo, cuando de repente (como por arte de magia) aparece un grupo de residentes, nos toman de la mano y nos vamos con ellos, felices “¡conseguimos el amor!” exclamamos al unísono, felices.

El martes siguiente, surgió otra sincronicidad mágica: nos encontrábamos de nuevo en la sala de espera, estábamos jugando con Marta hasta que descubrimos a un chico que se acopló hermosamente en una escena muy disparatada donde montamos un gran casamiento. El novio era él y la novia, Pandereta. La boda se llevó a cabo al pié de la letra hasta que de repente Marta (que nos estaba casando) anuncia “si hay alguien que se oponga a la boda, que hable ahora o calle para siempre”; en la sala de espera todos estaban expectantes cuando en el momento justo, como en una telenovela, aparece un médico (que no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo) y anuncia el nombre del próximo paciente que para nuestra sorpresa (y de todos los que estábamos allí) era el novio en cuestión. En ese instante, toda la sala de espera comenzó a reír.

Otro hecho curioso  que nos sucede es que hay personas que están siempre en el hospital, con quienes  a veces  sólo cruzamos las miradas y eso ya nos sirve para sentir que son seres mágicos, que nos están acompañando… Uno de ellos es Guillermo, a quien conocimos durante su internación y muchos martes viene a darnos un abrazo o simplemente a mirarnos “desde ahí” como cuidándonos.

La magia que acontece cuando todo se conjuga es increíble. Los médicos, enfermeros, personal de seguridad se mueven de tal manera que parece que estamos todos en coordinación, como una gran coreografía que vamos armando armónicamente entre todos. Es cuestión de comenzar a tararear una melodía para que algún médico se ponga a cantar, o algún enfermero a bailar… Es como flotar en sincronía, todos juntos a favor de la alegría.


    17 de septiembre , 2015