historiaLlanto

Una tarde, la Doctora Stacatta y yo, la Doctora Marta, entramos a una sala de internación donde estaba Carolina, la mamá de una nena que visitábamos desde hacía mucho.

Empezamos a cantar canciones de amor y de cuna y nos dimos cuenta de que la mamá se emocionaba cada vez más pero no se permitía llorar.

Interpretando lo que a ella le pasaba le dije entonces a la Doctora Stacatta con tono estridente: “Tu voz me emociona, tus canciones me dan ganas de llorar”. Y le expliqué que las otras madres de los otros chicos internados también les pasaba lo mismo. Entonces Carolina sonrió como adhiriendo al comentario. Y descomprimió su angustia identificándose con lo que nos pasaba a todas.

Nos fuimos de la sala diciéndoles a todas las mujeres que estaban allí: “Es bueno llorar. Lloren, ahora cuando nosotras nos vayamos. A llorar, ¡lloren ustedes también!”.  Y sentimos que pudimos acompañarlas y divertirlas, por un ratito.


    11 de febrero , 2015