El Dr. Aerosmith se disponía a ventilar un secreto del Dr. Bolsillo. El Dr. Bolsillo afiló su instinto defensivo y le pidió a la Dra. Brótola que enamorara al Dr. Aerosmith para que se olvidara de sacar a la luz su secreto.

¿Una nueva telenovela de la tarde? ¿El último libro de la escritora romántica del momento? ¿Una obra de teatro? Nada de eso. Esto pasó en medio de una de las salas de espera del Hospital Garrahan, un escenario improvisado delante de decenas de niños con sus familias.

– ¿Y cómo hago para gustarle? – preguntó la Dra. Brótola.

– ¡Tenés que poner una cara linda! – lanzó una voz desde el público.

Todos los ojos, los de los payasos y los del público, apuntaron al lugar desde donde provenía la voz. Una nena en su silla de ruedas sonreía.

– ¿Cómo es una cara linda? – quiso saber más la Dra. Brótola. Pero esta vez la pregunta fue directo a la chica que había hablado.

– ¡Así! – respondió. Y como una experta en las tácticas de la belleza desplegó una sonrisa gigante y abrió grande los ojos, como si esa sonrisa necesitara todavía más luz.

– ¿Así está bien? – le preguntó la Dra. Brótola.

– No, así no. ¡Sonreí! ¡Más! ¡Sonreí más!

El Dr. Aerosmith no pudo resistirse. Tomó del brazo a la Dra. Brótola y entre acordes de guitarra avanzaron lentamente como novios. El Dr. Bolsillo sujetó el delantal de la Dra. Brótola, desde atrás, como si de un flamante vestido de novia se tratara, y salieron, pidiendo permiso, hacia quién sabe qué otro lugar de la imaginación.

El poder de la belleza que puede generar una sonrisa fue la enseñanza que nos llevamos ese día. Y nuestra maestra fue una niña que esperaba el turno para ser atendida en el hospital.

Nos quedamos pensando en la posibilidad de practicar sonrisas. Porque la belleza, desde esta sabia perspectiva, no es algo que se tiene sino algo tan fácil como saber sonreír.


    27 de abril , 2015